Él es uno de esos príncipes sin reino que corren por ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al revés, por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo entiende todo a izquierdas hace las cosas a derechas, y eso, viniendo de una diestra, lo dice todo. Me mira y se cree que no le veo. Imagina que me evaporaré si me toca y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que no sabe cómo subirse. Piensa que mis labios son la puerta del paraíso, pero no sabe que están envenenados. Yo soy tan cobarde que, por no perderle, no se lo digo. Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar...
Él es uno de esos príncipes que harían bine manteniendose alejados de los cuentos y de las princesas que los habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es porque él ignora que todos los cuentos son metiras, aunque no todas las mentiras son cuentos. Los principes no son azules, y las durmientes, aunqe sean bellas, nunca despiertan de su sueño. Es el mejor amigo que nunca e tenido y, si algún día me tropiezo con Merlín, le daré las gracias por haberlo cruzado en mi camino.

El tiempo no nos hace más sabios, sólo más cobardes.

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jueves, 11 de marzo de 2010

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Hay tres formas de hacer las cosas: La buena, la mala y la mía .

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